Los Redondos se presentaron en Córdoba y la fiesta fue total.
Pocas son las cosas para las que el hombre aún no inventó palabras que las describan y la fuerza que ejercen Los Redondos sobre su público, es una de ellas. Mezcla de fanatismo, admiración y locura, sus seguidores suelen decir que es “un sentimiento, no se pinta, se lleva bien adentro”. Fueron más de 42.000 las almas que asistieron a la “misa ricotera”, en la que el fervor y la alegría fueron más resonantes que los aislados hechos de violencia.
La fiesta comenzó a gestarse por el mes de junio, cuando los del “Indio” Solari anunciaban su presentación en Córdoba. Con más de un mes de anticipación comenzó la venta de las entradas en todos el país, arrojando la cifra parcial de 40mil entradas vendidas, una semana antes del show. Córdoba, Santa Fé y Buenos Aires fueron las provincias que vendieron los tan preciados “papelitos”, de un valor de $22 y $25, aunque los seguidores de la banda llegaban desde los cuatro puntos cardinales del territorio nacional.
Aquellos que llegaron a nuestra ciudad capital con algunos días de anticipación, eligieron al camping San Martín para pasar su estadía en Córdoba. Otros, llegaron el mismo sábado en micros que, según lo que ellos demandaban, aprovecharon la ocasión para aumentar el precio del boleto; esperaron en las afueras del estadio que se hicieran las 14:00, hora estipulada para el comienzo del ingreso al estadio.
Con el temor que despiertan todas las presentaciones de Los Redondos, donde los graves actos de violencia tiñen cada presentación, el operativo policial superó los 3500 oficiales y se extremaron las medidas de precaución para el ingreso a la zona del Chateau. El acceso al estadio, diferenciado para plateas y populares, fue tranquilo y ágil, dejando en claro que cuando se trabaja con una buena organización es posible tener “la fiesta en paz”. Prueba de ello, dentro del campo de juego no se produjeron incidentes, salvo algunas corridas producto de los innumerables “pogos”; y fuera del estadio, un joven santafecino, Jorge Felippi (31), falleció al caer por una baranda en la que se encontraba sentado, producto de un descuido propio, siendo este el único hecho grave que se suscitó ese día.
Adentro del Chateau, la fiesta no se hizo esperar. Bombos y redoblantes, acompañaban las miles de gargantas que comenzaban a alabar a sus ídolos. Banderas de todos los tamaños y procedencias, daban el tinte tradicional del rock y sus seguidores.
Cuando apenas pasaron quince minutos de la hora indicada para el comienzo del espectáculo, las luces del estadio comenzaron a apagarse al tiempo que el escenario se teñía de azul. Las pantallas gigantes ubicadas a ambos costados, mostraban imágenes que anticipaban la aparición del grupo. “Unos Pocos Peligros Sensatos” fue el tema que dio inicio, seguido por “El pibe de los astilleros”; allí las palabras no tenían cabida y todas las voces sonaban al mismo tiempo: Carlos “el Indio” Solari estaba haciendo de las suyas en el escenario una vez más, y el diálogo con su gente no precisaba más que música.
Las toneladas de equipos de audio y su potencia no alcanzaron para opacar la voz de un público que no dejó tema sin cantar. El grupo presentó las canciones de Momo Sampler, su último trabajo, además de interpretar aquellos históricos de siempre. “Jijiji” fue el tema que marcó el final del espectáculo, aunque la yapa no se hizo esperar; con el tema “Ángel para tu soledad” se dio el cierre definitivo a la presentación de la banda rockera más importante del país.
Muchas son las cosas que se pueden acotar sobre esta presentación: que fue la más multitudinaria realizada en Córdoba con entrada paga, que fueron más de 170 los detenidos entre el jueves 2 y el sábado 4 de agosto, que el consumo de alcohol fue desmedido y que se produjo una mezcla generacional pocas veces vistas. Pero más allá de todo lo que se diga, lo que realmente importa es justamente lo que no se puede definir. No hay palabras para explicar lo que representa Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota bajo la figura de su líder, “el Indio”, sobre un escenario; eso es algo que sólo quienes forman parte de este fenómeno pueden experimentar. Sin embargo, mientras algunos intentaban entender el porqué de esta cuestión, Córdoba, por un día, tuvo rey.