 El Indio Solari
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Los Redondos celebraron anoche, en Montevideo, otra fiesta para la historia. A las 20 de un día frío saltaron al escenario montado en el legendario estadio Centenario y con El pibe de los astilleros comenzaron un concierto especial porque fue el primero de proporciones importantes que ofreció la banda fuera de los límites de la Argentina. El momento fue celebrado con una ovación por los 20 mil redondos presentes, buena parte de los cuales -se estima que unos seis o siete mil- eran "visitantes" argentinos. La crónica de El Observador, uno de los diarios montevideanos, dice hoy que cuando sonó el primer tema, "el estruendo del público fue tal que sorprendió hasta quienes estaban en misa en la iglesia San Juan Bautista de Pocitos, a unas cuantas cuadras de distancia. Parecía que Uruguay se había clasificado para el Mundial de fútbol. Pero no. La alegría se debía a que el mayor mito del rock argentino estaba allí".
El concierto transcurrió normalmente, si es que eso todavía le interesa a alguna gente. Y hoy habrá una segunda función en el mismo escenario.
Lo de "público visitante" y "público local" es algo relativo. Es bien sabido que los músicos que han salido de su país para hacer actuaciones siempre dicen que, cuando la música se echa a rodar y lo que se alcanza a ver desde el escenario es sólo una multitud de cabecitas y ojos atentos, no hay extranjerías: por eso, detalles más o menos, todos los recitales son iguales. Y eso se demostró anoche en el Centenario. Quizá más que nunca. Porque, en primer lugar, Montevideo es o parece ser, históricamente, una ciudad más de la Argentina. O en todo caso, para no alentar una posible lectura malintencionada, Uruguay y la Argentina son un mismo país. Y así lo viven sus habitantes. Ya lo dijo Alfredo Zitarroza, prócer de la música folklórica uruguaya: "Así pues no habrá caminos que no recorramos juntos, tratamos el mismo asunto orientales y argentinos". Algo parecido dijo anoche el Indio Solari a poco de comenzar el show: "Acá no hay locales ni visitantes, respeten a este país; la gente es hospitalaria; yo los conozco, hagamos bien las cosas, por favor". Por todo esto, en concierto en sí fue similar a -por poner un ejemplo- los celebrados el año pasado en River. Con otro repertorio, claro, porque por entonces no existía Momo sampler, el álbum que justamente fue presentado en vivo anoche. Claro que alguna sutil diferencia hubo: el público uruguayo nunca había tenido en casa a los Redondos en vivo y a lo grande -estuvieron allí otras veces, pero en ámbitos pequeños- y por lo tanto recién anoche debutó en esa inigualable experiencia que son las misas paganas de sus shows multitudinarios; por eso pareció más dedicado a escuchar y a sentir que a expresar algarabía. Pero igualmente hubo fervor por todos lados.
El encuentro de argentinos y uruguayos se vio no solo dentro del estadio. Durante el día, el parque Batlle fue una zona tomada por los ricoteros de toda procedencia.
Hubo dos accesos: por el lado de las tribunas Olímpica y Colombes, y por Olímpica y Amsterdam. El de la Colombes fue el más problemático por las escamaruzas entre los redonditos que no tenía entradas y la policía que custodiaba el lugar detrás de unas vallas. Esos incidentes y algunos otros aislados fueron la única nota policial de la jornada. El resto fue una fiesta de rock.
Cierra la crónica publicada hoy por El País local: "A las 10 y media de la noche se terminó el concierto y se abrieron las puertas. A la salida se daba todo lo contrario que a la entrada. La presencia policial era invisible en las puertas no había ningún efectivo y sí los había más lejos, casi en las sombras. Los ricoteros salieron como sedados, con una tranquilidad pasmosa, casi en silencio. El primer round de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en Montevideo terminó. El segundo recital será hoy".
La leyenda continúa.