El segundo disco de Skay Beilinson, si bien discurre por nuevos horizontes musicales, no llega al nivel magistral de sus antecesores.
"Recorriendo la ciudad, miles de rostros vacíos, voy sumergido entre la multitud, buscándote, buscándome" relata el tema "Donde estas?". Skay Beilinson ya se encontró. Nadie duda de que este esbelto guitarrista de interminables dedos ha desarrollado un estilo propio, único. Un estilo simple, despojado y sutil, que hace hincapié en la expresión y en el diálogo antes que el virtuosismo. Ahora bien, esta impronta necesita de otros componentes para lograr una obra acabada, como la armonización, la ambientación y la búsqueda del sonido adecuado, además de los matices de la voz y la lírica.
Estos procedimientos fueron llevados a cabo con maestría en la etapa de Los Redondos y, en menor medida, en el primer disco solista del guitarrista "A través del mar de los Sargazos". En este segundo disco Skay muestra destellos de sus virtudes, pero no logra una obra acabada y el sonido es extrañamente menos compacto y potente que el que muestra esta afianzada banda en sus presentaciones en vivo.
Sin embargo, Skay sigue siendo fiel a otra de sus características fundamentales: la búsqueda. El disco cuenta con varios estilos musicales y algunos híbridos. En "Dragones" hay una mezcla de elementos celtas, tarantela y tango, mientras que en "Presagio", que empieza con un ritmo de vals, se incorpora una cantante lírica que aporta cierto dramatismo lírico a la canción. Además, por supuesto, están los clásicos rocanroles que son marca registrada del guitarrista, y un blues en guitarra acústica ("Boggart Blues").
Así es este "Talismán", una recopilación (y no un disco conceptual) de ideas-canciones creativas que, si hubieran sido pulidos de otra forma, quizás...